Nos tenemos que remontar a octubre de 1999, cuando por aquel entonces un auténtico pipiolo de 22 años decide dejar el hogar familiar para emprender una nueva etapa personal y laboral. Fue una decisión que tomó de manera rápida y completamente personal, sin casi tener en cuenta la opinión del resto de familia y amigos.

Le ofrecieron un puesto de trabajo en una pequeña empresa familiar, pero el proyecto parecía interesante y con apenas 6 meses de experiencia profesional decidió aceptar el reto. Se marchó de la ciudad donde había pasado 20 años de su vida, toda su vida. Se marchó a una ciudad donde apenas conocía a nadie. Pero en poco tiempo, conoció a mucha gente, muchos de ellos aún grandes amigos/as.

Intento sobrevivir a una ciudad que poco a poco le iba agobiando mas y más… donde el punto inflexión fue el verano del 2000, cuando la inmensa mayoría de esa gente se marchó a sus casas porque eran estudiantes y el estaba allí trabajando. Fue entonces cuando decidió que una vez llegado octubre del 2000 iba a dejar esa ciudad. Esa ciudad que a todo el mundo le parece preciosa pero que no dejaba de parecerle un pueblo y se le quedaba pequeña.

Así pues, casi nueve años después volví a pisar Salamanca. Para pasar un fin de semana con amigos, porque uno de los mejores en poco mas de un mes se casa, y no podía fallar.